Residiendo
ya en México, fundó Fernández de Lizardi su célebre periódico El pensador
Mexicano en 1812, cuando la Constitución de Cádiz permitió la libertad de
imprenta, y se lanzó a discutir toda clase de asuntos. Junto con El .Pensador
publicaba, a modo de suplementos, los pensamientos extraordinarios. Sus peticiones
y censuras dirigidas al Virrey Venegas fueron causa de que se le encarcelara el
día 7 de Diciembre de 1812, al mismo tiempo que se suprimía la libertad de
imprenta en México.
Logro ser absuelto siete meses después
mientras tanto, desde la cárcel había seguido haciendo publicar algunos números
de su periódico y lo continuo una vez libre.
Pero
no bastaban a Fernández de Lizardi sus periódicos; desde antes de la fundación
de El Pensador Mexicano habla lanzado buen número de folletos (se conocen hasta
veintiséis) y en lo adelante nunca dio tregua a la pluma: folletos, periódicos
y libros salían de su mano vertiginosamente. A El pensador que terminó en 1814,
siguieron la miscelánea Alacena de frioleras (1815), los Ratos entretenidos y
El Conductor Eléctrico (1820); y mientras tanto aparecieron sus libros: El Periquillo
Sarmiento (cuyo tomo cuarto no fue publicado sino después de La muerte del autor,
pues el gobierno virreinal lo prohibió porque contenía una defensa de Ya
abolición de la esclavitud), las Fabulas (1817).
La
Quijotita y su prima [1818-1819], Noches tristes y días alegres. Durante muchos
años, los escritos del Pensador fueron aquel centro de atracción para las
controversias políticas por impreso; y así como él daba al publico infinidad de
papeles, aun era mayor el número de los que se escribían para discutirle: esta controversia
llegó a interesar a todo el Pals, y, mientras en Guadalajara y en Puebla se reimprimían
los folletos de Fernández de Lizardi, de todas partes vendían escritos
discutiendo sus opiniones.
En
1820, estableció en Ia calle de la Cadena una Sociedad pública de lectura, que
facilitaba, por suscripción, libros y periódicos. En 1821, el diálogo chamorro
y Dominguín fue causa de que le tuvieran en prisión unos días. Consumada Ia
independencia, no permaneció tranquilo; en 1822 tomo la defensa de los
francmasones, contra la cual predico un sermón en la Catedral un fraile
carmelita, motivando la excomunión que contra Fernández de Lizardi lanzo el
provisor Félix Flores Alatorre, mediante calificación dada por Ya junta de
censura eclesiástica.
Aunque la excomunión le causo no pocas
molestias, no se arreglo: emprendió de nuevo la defensa de la masonería, hizo
la crítica de Ia junta de censura eclesiástica, y hasta entro en cuestiones de
dogma, obligando a retar a sus enemigos al acto público en la Universidad para
discutir su excomunión: el reto no fue aceptado por nadie. Todas sus gestiones y
sus publicaciones no tuvieron otro resultado que esclarecer el odio de sus
enemigos; y aun parece que tuvo que ausentarse de la capital.
Bien
pronto bubo de regresar, empero, pues en 1823 publicó el periódico El Hermano
del Perico y en 1824 las conversaciones de Payo y el Sacristán.
La
junta que se formo para premiar a los que hablan prestado servicios a Ia
independencia Ie asigno sueldo de capitán retirado ($65.00 mensuales); se le
nombro, además, redactor de la Gaceta del Gobierno, y todavía en 1826 publico
otro periódico: el Correo Semanario de México
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