sábado, 10 de noviembre de 2012

Su muerte...


Enfermo de tisis en sus últimos años, murió el 15 de Junio de 1827. La casa en que murió El Pensador—dice Jacobo M. Barquera en apuntes que cita el Sr. González Obregón fue la número 27 de Ia calle del Puente Quebrado. Su cadáver fue exhibido públicamente para desmentir la absurda conseja de que había muerto endemoniado. Fue velado su cuerpo por D. Pablo Villavicencio (El Payo del Rosario), por D. José Guillon, por un español, Aza, que había sido su encarnizado enemigo, y por D. Anastasio Cervecero, quien fue encargado del entierro y presidio los funerales. Acompañaron el cadáver del Pensador a su última morada multitud de curiosos y muchos de sus partidarios, siendo sepultado el día 22 de Junio del propio año de 1827, con todos los honores de ordenanza que se consagran a un capitán retirado.
Fue sepultado en el atrio de la iglesia de San Lázaro; pero la lapida que indicaba el lugar de su descanso ha desaparecido.
Por datos del mismo Barquera y otros que ha recogido el Sr. González Obregón, se sabe que Fernández de Lizardi fue hombre muy caritativo, aunque siempre vivió estrecho de recursos.

Algunas de sus obras...


Residiendo ya en México, fundó Fernández de Lizardi su célebre periódico El pensador Mexicano en 1812, cuando la Constitución de Cádiz permitió la libertad de imprenta, y se lanzó a discutir toda clase de asuntos. Junto con El .Pensador publicaba, a modo de suplementos, los pensamientos extraordinarios. Sus peticiones y censuras dirigidas al Virrey Venegas fueron causa de que se le encarcelara el día 7 de Diciembre de 1812, al mismo tiempo que se suprimía la libertad de imprenta en México.
 Logro ser absuelto siete meses después mientras tanto, desde la cárcel había seguido haciendo publicar algunos números de su periódico y lo continuo una vez libre.
Pero no bastaban a Fernández de Lizardi sus periódicos; desde antes de la fundación de El Pensador Mexicano habla lanzado buen número de folletos (se conocen hasta veintiséis) y en lo adelante nunca dio tregua a la pluma: folletos, periódicos y libros salían de su mano vertiginosamente. A El pensador que terminó en 1814, siguieron la miscelánea Alacena de frioleras (1815), los Ratos entretenidos y El Conductor Eléctrico (1820); y mientras tanto aparecieron sus libros: El Periquillo Sarmiento (cuyo tomo cuarto no fue publicado sino después de La muerte del autor, pues el gobierno virreinal lo prohibió porque contenía una defensa de Ya abolición de la esclavitud), las Fabulas (1817).
La Quijotita y su prima [1818-1819], Noches tristes y días alegres. Durante muchos años, los escritos del Pensador fueron aquel centro de atracción para las controversias políticas por impreso; y así como él daba al publico infinidad de papeles, aun era mayor el número de los que se escribían para discutirle: esta controversia llegó a interesar a todo el Pals, y, mientras en Guadalajara y en Puebla se reimprimían los folletos de Fernández de Lizardi, de todas partes vendían escritos discutiendo sus opiniones.
En 1820, estableció en Ia calle de la Cadena una Sociedad pública de lectura, que facilitaba, por suscripción, libros y periódicos. En 1821, el diálogo chamorro y Dominguín fue causa de que le tuvieran en prisión unos días. Consumada Ia independencia, no permaneció tranquilo; en 1822 tomo la defensa de los francmasones, contra la cual predico un sermón en la Catedral un fraile carmelita, motivando la excomunión que contra Fernández de Lizardi lanzo el provisor Félix Flores Alatorre, mediante calificación dada por Ya junta de censura eclesiástica.
 Aunque la excomunión le causo no pocas molestias, no se arreglo: emprendió de nuevo la defensa de la masonería, hizo la crítica de Ia junta de censura eclesiástica, y hasta entro en cuestiones de dogma, obligando a retar a sus enemigos al acto público en la Universidad para discutir su excomunión: el reto no fue aceptado por nadie. Todas sus gestiones y sus publicaciones no tuvieron otro resultado que esclarecer el odio de sus enemigos; y aun parece que tuvo que ausentarse de la capital.
Bien pronto bubo de regresar, empero, pues en 1823 publicó el periódico El Hermano del Perico y en 1824 las conversaciones de Payo y el Sacristán.

La junta que se formo para premiar a los que hablan prestado servicios a Ia independencia Ie asigno sueldo de capitán retirado ($65.00 mensuales); se le nombro, además, redactor de la Gaceta del Gobierno, y todavía en 1826 publico otro periódico: el Correo Semanario de México


Un poco de su historia..


El Pensador Mexicano nació en la ciudad de México por los años de 1774; él mismo dice que fue bautizado en la parroquia  de Santa Cruz, pero no ha podido encontrarse la partida de su bautismo; se cree que fuera mestizo. Su padre era medico y lo fue del Seminario de los Jesuitas en Tepoztlán durante la infancia del Pensador; en una escuela de primeras letras de allí aprendió éste a leer, y luego fue enviado a México, donde estudió latín bajo el profesor Manuel Enríquez. Entrada más tarde a estudiar filosofía en el Colegio de San...Ildefonso, siendo su maestro el Dr. Manuel Sánchez y Gómez; obtuvo a los dieciséis  el titulo de Bachiller en la Universidad, y a los diecisiete comenzó a estudiar teología. Pero, muerto por entonces su padre, no pudo, por escasez de recursos, cursar carrera, y tuvo que buscar empleos.
De su primera juventud se sabe poco parece que vivió en Tepoztlán; y más tarde fue juez interino 6 encargado de justicia en Tasco igualmente lo fue de una de las cabeceras de partido de la Costa del Sur, jurisdicción de Acapulco. De donde se volvi6 a esta ciudad (México). Contrajo matrimonio, por 1805 con Sofía. Dolores Urunday; solo tuvieron una hija, la cual murió soltera.
Todo indica que, desde los comienzos de la guerra de independencia, Fernández de Lizardi la vio con interés. Según Altamirano, el Lic. José Emilio Durán, nieto de doña Josefa Ortiz de Domínguez, contaba que El Pensador había sido amigo, en México, de la insigne Corregidora de Querétaro. Ha corrido también muy discutida, la especie de que tomó parte en la insurrección cuando ésta era dirigida por Morelos; pero solo se sabe como cierto que, siendo teniente de justicia en Tasco, entrego el lugar y sus armas al propio Morelos, por lo cual le trajo preso a México el jefe realista Nicolás Cosió; quedo libre, sin embargo, pues logro convencer al Gobierno virreinal de que se había visto forzado a hacer la entrega.