Enfermo
de tisis en sus últimos años, murió el 15 de Junio de 1827. La casa en que
murió El Pensador—dice Jacobo M. Barquera en apuntes que cita el Sr. González
Obregón fue la número 27 de Ia calle del Puente Quebrado. Su cadáver fue
exhibido públicamente para desmentir la absurda conseja de que había muerto
endemoniado. Fue velado su cuerpo por D. Pablo Villavicencio (El Payo del
Rosario), por D. José Guillon, por un español, Aza, que había sido su
encarnizado enemigo, y por D. Anastasio Cervecero, quien fue encargado del
entierro y presidio los funerales. Acompañaron el cadáver del Pensador a su
última morada multitud de curiosos y muchos de sus partidarios, siendo
sepultado el día 22 de Junio del propio año de 1827, con todos los honores de
ordenanza que se consagran a un capitán retirado.
Fue
sepultado en el atrio de la iglesia de San Lázaro; pero la lapida que indicaba
el lugar de su descanso ha desaparecido.
Por datos del mismo
Barquera y otros que ha recogido el Sr. González Obregón, se sabe que Fernández
de Lizardi fue hombre muy caritativo, aunque siempre vivió estrecho de
recursos.
Residiendo
ya en México, fundó Fernández de Lizardi su célebre periódico El pensador
Mexicano en 1812, cuando la Constitución de Cádiz permitió la libertad de
imprenta, y se lanzó a discutir toda clase de asuntos. Junto con El .Pensador
publicaba, a modo de suplementos, los pensamientos extraordinarios. Sus peticiones
y censuras dirigidas al Virrey Venegas fueron causa de que se le encarcelara el
día 7 de Diciembre de 1812, al mismo tiempo que se suprimía la libertad de
imprenta en México.
Logro ser absuelto siete meses después
mientras tanto, desde la cárcel había seguido haciendo publicar algunos números
de su periódico y lo continuo una vez libre.
Pero
no bastaban a Fernández de Lizardi sus periódicos; desde antes de la fundación
de El Pensador Mexicano habla lanzado buen número de folletos (se conocen hasta
veintiséis) y en lo adelante nunca dio tregua a la pluma: folletos, periódicos
y libros salían de su mano vertiginosamente. A El pensador que terminó en 1814,
siguieron la miscelánea Alacena de frioleras (1815), los Ratos entretenidos y
El Conductor Eléctrico (1820); y mientras tanto aparecieron sus libros: El Periquillo
Sarmiento (cuyo tomo cuarto no fue publicado sino después de La muerte del autor,
pues el gobierno virreinal lo prohibió porque contenía una defensa de Ya
abolición de la esclavitud), las Fabulas (1817).
La
Quijotita y su prima [1818-1819], Noches tristes y días alegres. Durante muchos
años, los escritos del Pensador fueron aquel centro de atracción para las
controversias políticas por impreso; y así como él daba al publico infinidad de
papeles, aun era mayor el número de los que se escribían para discutirle: esta controversia
llegó a interesar a todo el Pals, y, mientras en Guadalajara y en Puebla se reimprimían
los folletos de Fernández de Lizardi, de todas partes vendían escritos
discutiendo sus opiniones.
En
1820, estableció en Ia calle de la Cadena una Sociedad pública de lectura, que
facilitaba, por suscripción, libros y periódicos. En 1821, el diálogo chamorro
y Dominguín fue causa de que le tuvieran en prisión unos días. Consumada Ia
independencia, no permaneció tranquilo; en 1822 tomo la defensa de los
francmasones, contra la cual predico un sermón en la Catedral un fraile
carmelita, motivando la excomunión que contra Fernández de Lizardi lanzo el
provisor Félix Flores Alatorre, mediante calificación dada por Ya junta de
censura eclesiástica.
Aunque la excomunión le causo no pocas
molestias, no se arreglo: emprendió de nuevo la defensa de la masonería, hizo
la crítica de Ia junta de censura eclesiástica, y hasta entro en cuestiones de
dogma, obligando a retar a sus enemigos al acto público en la Universidad para
discutir su excomunión: el reto no fue aceptado por nadie. Todas sus gestiones y
sus publicaciones no tuvieron otro resultado que esclarecer el odio de sus
enemigos; y aun parece que tuvo que ausentarse de la capital.
Bien
pronto bubo de regresar, empero, pues en 1823 publicó el periódico El Hermano
del Perico y en 1824 las conversaciones de Payo y el Sacristán.
La
junta que se formo para premiar a los que hablan prestado servicios a Ia
independencia Ie asigno sueldo de capitán retirado ($65.00 mensuales); se le
nombro, además, redactor de la Gaceta del Gobierno, y todavía en 1826 publico
otro periódico: el Correo Semanario de México
El
Pensador Mexicano nació en la ciudad de México por los años de 1774; él mismo
dice que fue bautizado en la parroquia de
Santa Cruz, pero no ha podido encontrarse la partida de su bautismo; se cree que
fuera mestizo. Su padre era medico y lo fue del Seminario de los Jesuitas en Tepoztlán
durante la infancia del Pensador; en una escuela de primeras letras de allí
aprendió éste a leer, y luego fue enviado a México, donde estudió latín bajo el
profesor Manuel Enríquez. Entrada más tarde a estudiar filosofía en el Colegio
de San...Ildefonso, siendo su maestro el Dr. Manuel Sánchez y Gómez; obtuvo a
los dieciséis el titulo de Bachiller en
la Universidad, y a los diecisiete comenzó a estudiar teología. Pero, muerto
por entonces su padre, no pudo, por escasez de recursos, cursar carrera, y tuvo
que buscar empleos.
De
su primera juventud se sabe poco parece que vivió en Tepoztlán; y más tarde fue
juez interino 6 encargado de justicia en Tasco igualmente lo fue de una de las
cabeceras de partido de la Costa del Sur, jurisdicción de Acapulco. De donde se
volvi6 a esta ciudad (México). Contrajo matrimonio, por 1805 con Sofía. Dolores
Urunday; solo tuvieron una hija, la cual murió soltera.
Todo
indica que, desde los comienzos de la guerra de independencia, Fernández de
Lizardi la vio con interés. Según Altamirano, el Lic. José Emilio Durán, nieto
de doña Josefa Ortiz de Domínguez, contaba que El Pensador había sido amigo, en
México, de la insigne Corregidora de Querétaro. Ha corrido también muy
discutida, la especie de que tomó parte en la insurrección cuando ésta era
dirigida por Morelos; pero solo se sabe como cierto que, siendo teniente de
justicia en Tasco, entrego el lugar y sus armas al propio Morelos, por lo cual
le trajo preso a México el jefe realista Nicolás Cosió; quedo libre, sin
embargo, pues logro convencer al Gobierno virreinal de que se había visto
forzado a hacer la entrega.